Ya hemos hablado, en varias ocasiones, de la importancia que va tomando el usuario como protagonista de los museos u otra institución similar (escuela, biblioteca, etc.). La obra de arte importa, los libros, los curadores, los que saben, etc. Sin embargo, estamos en una época en que la última palabra (mal o bien, de acuerdo o no) la tienen ellos: los que llegan, miran, opinan, producen, comparten, resignifican, etc.).

Por tal motivo, cada uno de estos espacios ha decidido prestarles atención. ¿Y qué significa exactamente eso?. Significa, estudiarlos, analizarlos, preguntarles, hacerles caso, continuar en función de sus deseos. Lo que se ha dado en llamar, entre otros términos y conceptos: usabilidad, experiencia enriquecida del usuario, contenido gestionado y creado por el usuario, etc. Como aclaro siempre, tengan la amabilidad de cambiar ciertas palabras por las que más les convenga: museo/escuela/biblioteca; usuario/alumno/lector…

¿Por qué digo entre otros términos y conceptos? Porque en realidad estamos usando una familia de palabras. Palabras (o conceptos) que no significan para nada lo mismo, pero que, en algún punto, se unen. Resumo: usabilidad: facilitar el “trabajo” de los usuarios, hacer lo que se llama un sitio, una herramienta más «amigable», contenido generado por el usuario (UGC): aquello que sale como resultado de una creación del usuario, a través de lo que la institución le ha propuesto. Enriquecida: gracias a esa escucha, la “experiencia” de un usuario y su posibilidad de intervenir le propone o expone una situación enriquecida en la que él mismo participó, etc.

Por eso digo resumen. Sería interesante ir viendo , en cada caso, qué significa, en profundidad, cada expresión. Ya lo hicimos en otros posts así que no dilataré este paso. Remarcaré que es el usuario el protagonista, y quienes estén atentos a la época, no solo no se están dejando amedrentar si no que ¡van a por ello!.

Así que hoy, intentaremos describir y traducir lo que están haciendo en el Louvre hace bastante tiempo y que alguito contamos ya en otro post.

La señal Bluetooth nos permite mapear cómo los visitantes se mueven a través de un museo como el Louvre en París: qué camino toman y cuánto tiempo pasan frente a cada pieza de arte. Por ejemplo. No es que no se hiciera antes -esto de estudiar a quienes “nos compran”- pero hoy, el compromiso y las herramientas se han modificado. En primer término por este protagonismo tan visible y expuesto y, en segundo término por la entrada de la tecnología que habilita otros mecanismos.

Tradicionalmente se usaban algunas encuestas, el buzón de las sugerencias, algunas investigaciones especializadas de observación y no mucho más. Hoy, no solo esto ha evolucionado (ya lo vimos en otro post), sino que el objeto de estudio, el usuario, ha devenido más complejo en aspectos que iremos señalando, tales como su movilidad (y no hablamos del coche si no de su ubicuidad) lo que hace que las variables sean mucho mayores.

La recopilación de datos, entonces se vuelve más diversa: no solo “vemos”, investigamos y registramos aquello que un visitante dejó en el buzón de sugerencias, sino que hay que rastrear también su andar (su camino, su trazabilidad, su huella) a través de lo que él mismo hace, por ejemplo, los posteos en las redes. Así que, sin entrar en detalles, imagínense la diferencia entre leer 5 mil cartitas dejadas en un buzón y las infinitas intervenciones de las personas en las infinitas redes que hoy existen en múltiples formatos (tweets, fotos, videos, comentarios, etc) que a su vez se viralizan al ritmo de la luz (era la más veloz, ¿no?).

“En consecuencia, la disponibilidad de grandes conjuntos de datos basados en patrones cuantificados de visitas a museos ofrece nuevas oportunidades para aplicar técnicas analíticas computacionales y comparativas. En este estudio pionero, intentamos analizar el comportamiento de los visitantes en uno de los museos más grandes del mundo, el Museo del Louvre, a partir de conjuntos de datos longitudinales anónimos generados por sensores Bluetooth no invasivos”. Así se presenta el sensitive Lab del Louvre.

Iremos viendo qué se investiga cuantitativa y cualitativamente. El ejemplo más simple fue el ya comentado sobre la duración de las visitas: ¿más larga, más visto?. No, no necesariamente.

Es interesante ver que no solo han cambiado las variables tradicionales en el modo de seguimiento, si no que también va cambiado, como dijimos, el objeto de estudio. ¿En qué sentido?. Bueno, en que ni siquiera aquello que investigamos es tan rígido y fácil de rastrear. Una visita al museo ya tampoco es siempre igual. Es como que las variables van variando minuto a minuto en sí mismas. La caminata de un usuario hoy (larga o corta) puede no ser la misma mañana mismo, aún siendo del mismo usuario. Porque ya pocos van al primer cuadro, al segundo y luego al tercero.

“El equipo de investigación desplegó 7 sensores Bluetooth, (…) para medir las secuencias de visita y la duración en ubicaciones representativas clave. (…) Los sensores registraron un identificador único encriptado que distingue a cada dispositivo móvil habilitado con Bluetooth dentro de su rango, así como las marcas de tiempo para los tiempos de entrada y salida. Suponiendo que un dispositivo móvil pertenece a una persona, podemos relacionar Lo que se intenta, en definitiva, es encontrar «patrones»el movimiento del dispositivo con el del visitante.

El estudio se realizó durante un período de 24 días con un alto volumen de tráfico de visitantes. Durante este período, la matriz de sensores registró la presencia de 24,452 dispositivos únicos. (…)”

“Este estudio pregunta si la duración de la estadía de un visitante en una exhibición aumenta o disminuye dependiendo de la densidad de otros visitantes en el mismo espacio. También pregunta cómo podría afectar esto al tiempo que un visitante pasa en el Louvre, como un todo. Por ejemplo, un visitante puede apresurarse a ver una pieza de arte famosa, pero luego experimenta incomodidad por el número de visitantes que también ocupan el espacio y, en consecuencia, acortar su visita. El estudio reveló que a mayor densidad, más visitantes se sienten atraídos por lugares específicos del museo (conocidos como «poder de atracción»), pero hasta cierto punto. Si la sala de un museo se llena demasiado, otros visitantes no podrán quedarse y admirar esa obra de arte por mucho tiempo, o incluso visitarla («efecto de exclusión»).”

En definitiva, lo que se intenta es encontrar patrones para poder actuar en función de los mismos. “(…) La tecnología utilizada en el estudio podría ayudar a mejorar enormemente la experiencia de los visitantes en el Louvre y en otros museos importantes de todo el mundo. (…) Dado que cada señal Bluetooth proporciona un número distintivo, las señales pudieron distinguir el número de personas sin comprometer la privacidad o retransmitir información personal.

Otro de los hallazgos del estudio muestra que la mayoría de las personas disfrutan de serpentear a través del Louvre, con un 10% de visitas que duran más de cinco horas. Sin embargo, independientemente de su ritmo, los visitantes siguen un camino bien determinado que conecta las muchas obras maestras del Louvre, desde la Mona Lisa hasta la Victoria Alada de Samotracia, hasta UNO MÁS. Solo una pequeña fracción de las personas se mueve rápidamente por el museo y se va en menos de una hora.

Los hallazgos del estudio son útiles para proporcionar a los gerentes de museos información crucial para mejorar la experiencia de sus visitantes de muchas maneras, como permitir que un cierto número de personas ingresen a un museo en un momento dado, curar diversas obras de arte y ubicarlas en todo el museo para abrir aumentar el flujo de personas y proporcionar visitas guiadas de obras de arte específicas cuando la población de visitantes tiene una densidad menor. «Cada visitante del Louvre debería tener tiempo suficiente para disfrutar de la Mona Lisa, mientras también explora obras de arte menos conocidas», dijo Carlo Ratti.

(…) dijo Yuji Yoshimura, investigador postdoctoral en la ciudad de Senseable. Lab y el autor principal del estudio. «Este es un viejo sueño de arquitectura y planificación: poder medir el ritmo de la vida en los lugares que habitamos».

Final
La pregunta del millón. ¿Están las instituciones nombradas (escuela, museo, bibliotecas, otras) actuando en función de las respuestas obtenidas? Algunos sí, otros no. Otros no saben, no contestan.

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Estudio completo para descargar
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