La primera vez que encontramos este concepto es en un artículo de Jess Ann Kirby en Substack: 2026 is the Year of Analog. Kirby reflexiona sobre este «rumor» y aclara que no queda muy claro quién está empujando este trend analógico, que quizás sean ellos mismos, los millennials, que están desesperados por recuperar algo de su atención y de su tiempo. O quizás sean los aún más jóvenes que ya se están «quemando» (el cerebro) por haber vivido toda su vida scrolleando y que, finalmente, sintieron el cansancio de estar conectados 24/7 desde que nacieron y que se cansaron de que su vida entera pase por una pantalla. Para Kirby, hoy, poder desconectarse es el verdadero lujo.

Daley Wilheim, en Going analog in 2026. Can UX coexist with analog living? plantea que esta tendencia se presenta como el remedio para el burnout mental, la cura para el deterioro mental: volver a los reproductores de CD o MP3 o escuchar un disco entero (con lo que eso implica) y rescatar el concepto de lentitud. Lo más irónico, dice, es ver a todo el mundo subiendo a sus redes contenidos acerca de cómo intentan desconectarse, usando la vida real para escapar un rato de internet, es decir, postear en redes el intento de estar offline. Este concepto lo retoma Ramishah Maruf de quien hablaremos más adelante ¿Esto mata lo digital?, se pregunta. Para nada, pero es un aviso de que el diseño de las apps tiene que cambiar sí o sí, que las experiencias online necesitan un rediseño urgente para ser más humanas, un nuevo deseo de vivir con más intencionalidad, responde.

Asimismo señala que, según el Financial Times, el pico de las redes sociales fue en 2022 y que desde ahí todo se vino abajo. Entre la IA y el contenido hecho por máquinas, internet se siente distinto, el entorno digital se volvió un lugar medio raro y solitario. Ahora las redes son feeds de algoritmos en vez de fotos de amigos. La gente busca desesperadamente bajar un cambio y volver a lo analógico. Se empieza a cansar de la velocidad de internet. Es un grito de auxilio de los usuarios

Hay que ser justos. La primera vez que oí sobre este tema fue en 2025 en la presentación de Niñas, niños y adolescentes conectados. Informe de resultados, un informe de Kids online Argentina, Unesco y Unicef, en Flacso. Los niños se quejaban a sus propios padres de por qué les habían dado un celular desde tan pequeños, entre otras red flags que no podemos dejar pasar.

Elizabeth Grace Coyne en 2026 Is The Year Of ‘Analog’ Living—How Will This Impact Fashion? en Forbes, analiza el concepto desde otro lugar, desde la intersección de la moda, la cultura, la tecnología, la sostenibilidad y los negocios y señala que la gente se cansó «corrigiendo un patrón de años en el que se glorificaba la eficiencia y la automatización por encima de la creatividad y la comunidad». Ahora, lujo es lo que tiene error humano, artesanía y comunidad. Básicamente, la IA desbordó y el consumidor reaccionó volviendo a lo que puede tocar y da ejemplos como una marca que intenta, por ejemplo, recuperar el placer de los periódicos impresos, estudiantes adictos a los teléfonos que buscan romper el ciclo con un «ayuno tecnológico» grupal y personas que renuncian al tiempo frente a las pantallas recurriendo a pasatiempos más tradicionales, táctiles.

En el mismo artículo, se hace mención del informe Future Consumer 2026 de WGSN (que ya pronosticaba en 2024) en el que se describe a cuatro perfiles que veremos en 2026: los Gleamers, los Autonomists, los Impartialists y los Synergists. Resumiendo, lo que pregonan es el deseo de una vida más sencilla como consecuencia del agotamiento, la necesidad de redefinir el concepto de comunidad; la urgencia de hechos por encima de la ficción y transparencia sin adornos, por encima de narrativas engañosas, como consecuencia de una crisis de desinformación y tanto en línea como en la vida real, la búsqueda de la simbiosis entre humanos y tecnología.

Ramishah Maruf en Tired of AI, people are committing to the analog lifestyle in 2026, explica que las manualidades (tejer, bordar, cerámica) no son solo hobbies, sino una forma de resistencia psicológica: «a medida que la IA genera imágenes y textos perfectos, el ser humano busca desesperadamente algo que tenga ‘errores’ y texturas. Y agrega el concepto de Analog Wellness que describe como el modo de usar objetos físicos como herramientas de salud mental. El artículo menciona que las ventas de productos de papelería premium y kits de manualidades subieron un 40% a principios de 2026. Y, por supuesto, usan TikTok para mostrar sus diarios de papel o sus álbumes de recortes (scrapbooking), generando una comunidad digital que, paradójicamente, te empuja a salir de internet. Es lo que llaman «comunidades de desconexión». Y no sólo eso. Hay cadenas que ahora ofrecen mesas comunitarias para que la gente se siente a tejer o a escribir cartas ahí mismo.

Estamos ante el concepto de slow Tech que no es odiar la tecnología, sino elegir versiones más lentas: cámaras de fotos que tardan días en revelarse o reproductores de música que requieren que vos elijas el disco. Esa «espera» tan perdida. No se trata de una desintoxicación digital a corto plazo. Se trata de un esfuerzo por desacelerar el ritmo y encontrar maneras tangibles de realizar las tareas cotidianas y entretenerse. Asimismo relata la historia y «evolución» de Shaughnessy Barker, una joven de 25 años a la que tendrás que llamarla a su teléfono fijo, si quieres comunicarte con ella y de todo lo que ha implementado en su vida, luego de esta decisión de ralentar un poco las cosas. ‘Soy una contradicción andante porque digo: ‘Quiero dejar el teléfono y voy a hacer TikToks sobre ello’’, dijo Barker.

Tayo Bero, en The Guardian: Analog is back, and my millennial heart couldn’t be happier retoma varios porcentajes sobre el tema, por ejemplo, que la empresa de manualidades Michael’s afirmó que las búsquedas de «aficiones analógicas» en su sitio web aumentaron un 136 % en los últimos seis meses, mientras que Google Trends indica un incremento del 160 % en las búsquedas del mismo término. Ella misma convertió su diario digital en uno físico y usa el celular solo como ‘teléfono fijo’ en ciertos horarios.

La sofisticación en 2026 se mide en desconexión. El verdadero lujo ahora es tener tiempo para estar offline. Refugiarse en un libro o en la música analógica es, básicamente, cuidar la salud mental en un mundo que te quiere conectado 24/7. Por eso los dumbphones (teléfonos tontos, sin Internet) son tendencia: estamos cansados de las notificaciones. No se trata de hacernos los ‘cool’ con lo antiguo, sino de una necesidad real de tocar cosas que existan fuera de la red. Interactuar con lo tangible es lo único que nos hace sentir que estamos viviendo nuestra vida en tiempo real.

Pero, como siempre, me gustaría hacer un poco de historia y contar como ésta, indefectiblemente, de alguna forma u otra se repite: lo que hoy llamamos brain fog digital en TikTok o Instagram explotó a finales de 2023 y durante todo 2024, cuando el término brain rot fue nombrado Palabra del Año 2024 por el Oxford University Press. Millones de usuarios jóvenes empezaron a usar el término para describir esa sensación de «cerebro frito» tras horas de doomscrolling (deslizar la pantalla sin fin estúpidamente).

Y aún más atrás, encontramos que el término «brain fog» (niebla mental) se utilizó, en realidad y como siempre, primero en otras disciplinas. Sin embargo, fue evolucionando, acomodándose hacia lo «digital» o a utilizarse en redes con dos variantes diferentes.

La primera persona en usar el término «Brain Rot» (podredumbre mental) fue el escritor Henry David Thoreau en su ensayo Walden: ««While England endeavors to cure the potatoes-rot, will not any endeavor to cure the brain-rot, which prevails so much more widely and fatally?». Traducción: «Mientras Inglaterra se esfuerza por curar la podredumbre de la patata (potato-rot), ¿nadie se esforzará por curar la podredumbre del cerebro (brain-rot), que prevalece de forma mucho más amplia y fatal?» 

Thoreau hablaba, en ese entonces, de la podredumbre dada por estar demasiado pendiente de las noticias triviales y de la naciente sociedad industrial, perdiendo el contacto con la naturalezaPero a nosotros nos interesa el momento en que el concepto deviene tecnológico y, entonces, nos encontramos con el neurocientífico alemán Manfred Spitzer que acuñó el término «Demencia Digital» en su libro «Demencia Digital: El peligro de las nuevas tecnologías« (Digitale Demenz: Wir machen uns und unsere Kinder um den Verstand) de 2012. Allí decía, más o menos, que delegar nuestra memoria y orientación a los dispositivos electrónicos provoca una atrofia cognitiva similar a la niebla mental o la demencia temprana. 
Pero para terminar de verdad, les aviso que este post es puramente introductorio. Mi objetivo es marcar una tendencia y, en el próximo post, empezar a analizar cómo influye la misma en mi investigación actual: el futuro de los libros, la lectura, la promoción de la misma y del mundo literario que se avecina.